Se conocieron circunstancialmente, sin exclusiones. Extremos que azarosamente se tocan para ser fugaz exponente, detonante de hilaridad en la base del cuello y el cosquilleo en la punta de los dedos. Y esas charlas que desnudaban al otro, y esos silencios que los llevaban al punto más alto de la comunión humana para, al terminar el día, alejar la circunstancia antes que el exponente detone en imparable fragmento de cada uno en otro. Una noche ella dijo: “El guardia debe pensar que eres mi pareja, eres el hombre que me trae a casa todas las noches”
Y él pensó:
Deberíamos hacerlo, deberíamos hacerlo y quitarnos las ganas de abrazarnos hasta que amanezca. Deberíamos hacerlo y así tu podrías hablarme cada que me necesites, o pedirme que me vaya cuando no me necesites. Deberíamos, y así yo podría venir a buscarte cada día y a veces de noche, y así me quitaría estas ganas de besarte ahora…
Pero no dijo nada.
Pasaron algunos años, ellos se veían un poco menos, un poco menos, hasta que decidieron volver a buscarse, y así paso un noche en que se abrazaron hasta que la luz, y la circunstancia, los obligo a separarse de nuevo y verse un poco menos, un poco menos, hasta que ella conoció a alguien, y se marcho.
Él debióaceptar para si todas esas cosas que debe estar pensando en este momento, pero no lo hizo. Dejó que el momento pasará y que en él se volviera eterno.
No la volvió a ver…
sábado, junio 16, 2007
martes, junio 12, 2007
Aquel que entiende un momento
Cada mujer, cada hombre, lleva en su naturaleza ese algo que les hace ser yo, que de alguna forma los define. Nadie puede tomar ese algo prestado, se tiene o no, y cuando uno se vuelve conciente de ello tiene aún la opción de usarlo o dejarlo. Es por eso que me inclino a pensar que ese algo nuestro –esa ansia, ese don, esa entraña imparable- necesita a su vez alimento y motivo. Para muchos ese almuerzo es compuesto de sensaciones y emociones de un día, de un segundo. Alegria per se que existe y no entraña, no arrastra, ocurre como un placentero sueño del cual no recordamos nada o muy poco. Por otra parte, hay rastros como costras que uno sigue por que es ahí –en ese otro lado, en ese anhelo, en esa busqueda- donde ese yo nuestro encuentra aquello en donde se place: la extraña alegria de estar un poco triste, por los motivos que fueran. Ese deshacerse de a poco retumba en mi interior a grado tal que me obliga a sentarme para darle salida, escape, al cúmulo de emociones que avasallan mi yo y me hacen aquel que esto escribe, aquel que observa el mundo y toma nota de él para entenderse un poco a sí mismo, para despues, poder salir de mi y ser parte de algo más grande, contenido en este cuerpo pero que es conjunto de algo más duradero y terriblemente difícil de explicar.
A veces, en esos lapsos de observación, en ese parentesis de nostalgia, se sucede una súbita comprensión que destella de tal forma que perdemos perspectiva, pero no importa porque en ese mometno somos pura emoción, mar de sensaciones que irrigan nuestra playa de tal forma que sentarse y escribir de ello resulta tan complicado como explicar aquello que tan de repente se a entendido. No hay forma, nuestra concentración esta puesta en esas manos que nos acarician, en ese viento que refresca nuestro rostro o en esa lágrima que resbala para puntualizar el momento, el espacio, y hacerlo eterno y tan fugaz como aquel poema que te conmovió tanto que al otro día lo has olvidado.
Calma.
Es que estamos de vuelta en el otro lado.
Es que el vacío no encuentra resonancia, el momento no dura tanto, estamos en perspectiva y a un lado del mundo como aquello que siempre fuímos. Alejados de la fugacidad, sedientos de esa otra sed y felices –de alguna forma- de estar un poco tristes.
A veces, en esos lapsos de observación, en ese parentesis de nostalgia, se sucede una súbita comprensión que destella de tal forma que perdemos perspectiva, pero no importa porque en ese mometno somos pura emoción, mar de sensaciones que irrigan nuestra playa de tal forma que sentarse y escribir de ello resulta tan complicado como explicar aquello que tan de repente se a entendido. No hay forma, nuestra concentración esta puesta en esas manos que nos acarician, en ese viento que refresca nuestro rostro o en esa lágrima que resbala para puntualizar el momento, el espacio, y hacerlo eterno y tan fugaz como aquel poema que te conmovió tanto que al otro día lo has olvidado.
Calma.
Es que estamos de vuelta en el otro lado.
Es que el vacío no encuentra resonancia, el momento no dura tanto, estamos en perspectiva y a un lado del mundo como aquello que siempre fuímos. Alejados de la fugacidad, sedientos de esa otra sed y felices –de alguna forma- de estar un poco tristes.
martes, mayo 15, 2007
Aquel que se detiene y busca su eco
Ciertamente escribo para mi, para sacar aquella cosas que me estorban, que me lastiman, que me asquean, que me ayudan, que me fortalecen, que me hacen sonreír, que me hacen pensar, que me hacen yo en mi andar por el mundo, y en un principio no esperaba aliento alguno de parte de ningún lector conocido o por conocer, pero me topé contigo y nos fuímos leyendo. Y ahora te has ido y yo aún escribo…
Y te hecho de menos.
Y te hecho de menos.
viernes, abril 27, 2007
Aquel que se detiene a un lado del mundo
Hombre de andar reflexivo, charlando a media voz con el balanceo de sus brazos, con el andar de sus piernas, con ese mirar que a ratos susurra el anhelo y anhela el tacto del viento y la brevedad del valioso recuerdo que en su mente tiene una continuidad distinta a la cotidiana, la hedionda histórica y tan lejana de ese ideal que a unos metro se torna inalcanzable. Hombre de existencia en vilo, de dedos largos y ansiosos, de presagios conflictivos y espera inerte endeble en un lugar de luz y dulce aroma, de memoria potenciada, de valor sensible y vocablos enredados pugnando tu nombre, llamándote a ciegas, tentándote en silencio, hablándote de ti en aquel que es un poco reflejo de tu enigma. Estas a un lado del tiempo, y sobre ti se vierten palabras inmortales, indescifrables, de extensión rugosa signando un palmo ignoto aunque presente en esta lengua que no alcanza para describir la sensación de tu cercanía en esa distancia, en ese no-lugar que se presiente y augura días plenos de la otredad en que nos reconocemos nosotros mismos. ¡Qué difícil es tratar de ordenar unas cuantas líneas con todo esto! Qué difícil, y sin embargo, qué imposible es el dejarlo de lado, el ignorarlo en una parte. Dejarlo tirado como un trasto, olvidado como una nota sin contenido, simplemente dejarlo y que se vaya cada sensación con ello, o contigo, o con todo. Hombre de palabras secas, de conmoción erosionada o raptada por buenas maneras, enfilando, desde su campo, desde su canto, a ese lado del tiempo que es afuera y andando por años en busca de ese camino sin surco ni rumbo ni voz. Hombre a final de cuentas. Hombre que te mira y marcha en su circunstancia sobre y hacia el sitio en donde se sabe seguro y un poco cerca de ti a pesar de rondar en este particular rincón de tiempo fuera de aquel en donde existes tu, anhelo, furor, silencio, espera inerte, calma tibia, amor sin vocablos y deslumbrado por este nuevo saber que eres tu potenciando a este que soy yo.
sábado, abril 14, 2007
Aquel que mira y se reconoce
Hablo de usted… y de mí
hablo de esta temporal imposibilidad de disociarnos
de este escuchar suyo que desdibuja límites
de esta lectura suya que percibe horizontes
Nunca llegaremos a tocarnos
pero esta cercanía nos ha marcado
orillado al no olvido el uno del otro
punto final
El momento termina
Váyase ahora
Piérdase
diluya su presencia en nieblas de tiempo
para quedarse
aquí
conmigo
y
yo
con usted.
hablo de esta temporal imposibilidad de disociarnos
de este escuchar suyo que desdibuja límites
de esta lectura suya que percibe horizontes
Nunca llegaremos a tocarnos
pero esta cercanía nos ha marcado
orillado al no olvido el uno del otro
punto final
El momento termina
Váyase ahora
Piérdase
diluya su presencia en nieblas de tiempo
para quedarse
aquí
conmigo
y
yo
con usted.
miércoles, abril 04, 2007
aquel que se mira y desconoce
Hay un supuesto que dicta
un correcto
ideático
mediático
pero lejos de aquel que se supone debería ser
y
no
soy
Todavía puedo seguir.
un correcto
ideático
mediático
pero lejos de aquel que se supone debería ser
y
no
soy
Todavía puedo seguir.
miércoles, enero 31, 2007
El paradigma caucásico
Lleno a reventar de lugares comunes, de normas que rigen la rectitud cívica, la religión sin nombre, el malestar cotidiano que pierde en el transcurso de los días forma y figura, después de lo cual solo nos queda una comezón que no puede rascarse si no es hablando, o escribiendo; en algunos casos no se alivia si no es destruyendo o creando, y otras tantas, la comezón no cesa si no es dejándolo todo, olvidar, y ser olvidado. De ahí, de este mal, surge la necia ansia de rascarse estas palabras hasta que salga sangre, hasta que quede costra, hasta que el malestar convierta este rostro en una máscara curtida en el frío del valle, forjada en los actos perdidos, pequeños, pero tantos que en suma son frustración y reinicio del ciclo. Y tan absurdo, malestar de brevedad y pocas frases. Que inocuo alivio, es menester actuar en caso de comezón, de veras rascarse. De verdad tomar la pluma y escribir si es eso lo que uno necesita, hablar, reírse a carcajadas, solo, no importa, que aquellos que lo tachan a uno de loco en seguida se pierden en la bruma de la memoria, andar a grito pelado y con cuidado, con cuidado, pues las más de las veces uno termina hecho una furia, y conteniendo, reprimiendo, como ahora
Que
La
Palabra
Se pierde
Se ahoga
En este escrito, en estas ganas de salir a buscarte.
En este largo no encontrarte.
Que
La
Palabra
Se pierde
Se ahoga
En este escrito, en estas ganas de salir a buscarte.
En este largo no encontrarte.
jueves, enero 18, 2007
Rumbo de adulto
cambiante, más inevitable cuando todo y esto cambia para ser mala noticia y/o error adolescente, que no tiene nada de malo-en el momento- pero que se hace grande cuando un tercero se siente ofendido o menospreciado, y uno, uno que trama penurias por no dejar
Por hacer y no hacer
Por terminar bien todos los días
O limpio al menos, y no enterrado en una pila de mierda debido a todas esas cosas que no has podido hacer, o terminar. Maldición de convenciones, lo correcto esta escrito en la historia y uno que esta fallo de memoria y sin otro remedio que callar o pedir disculpas, en punto muerto, y puta madre…
Quiero decir: “estoy triste” pero no es eso
No es eso.
Por hacer y no hacer
Por terminar bien todos los días
O limpio al menos, y no enterrado en una pila de mierda debido a todas esas cosas que no has podido hacer, o terminar. Maldición de convenciones, lo correcto esta escrito en la historia y uno que esta fallo de memoria y sin otro remedio que callar o pedir disculpas, en punto muerto, y puta madre…
Quiero decir: “estoy triste” pero no es eso
No es eso.
jueves, diciembre 28, 2006
continuacion de dos puntos
Rondando la brevedad de estos últimos días, el año del perro termina y mi cuerpo expira una honda bocanada de aire para dar paso a este término con tintes de principio léxico y/o filológico y demasiado rebuscado ya, es para hacerle honor a la filología antes mentada o al mentado léxico que, para esta línea, quizá haya decidido marcharse a buscar escritos mejores. Quizá sea lo mejor, así podré escribir este alegato que traigo atorado días atrás, y que reza acerca de las buenas costumbres, como dar punto y aparte y marcharse a hacer otra cosa, o más difícil, dar punto final, y marcharse a hacer otras cosas.
Yo no podría. Espero que esta afirmación este basada en la elección conciente del camino que tomarán mis días futuros y no en la pretensión o el ego finañero. Por si acaso, voy a dejar espacio para la duda, ya veremos que sucede, además de que eso es tema aparte. Antes de perder el estribo o la cuenta, debo mencionar que las líneas que describen el soundtrack de tu vida fue motivo para quedarse, para decidir regresar aún antes de marcharse. Y si bien es cierto que no escucho las notas que salen de tu viola, a lo lejos espero el día que tocando te sientas satisfecha, aunque desde ya presiento que eres de aquellos que no pueden sentirse satisfechos, sin hacer mención de la canción. Cierto, es difícil hacer punto final y marcharse, así que voy poniéndole punto final a esto pues de repente me llegan ganas de escribir acerca de quedarse y eso es imposible, pues en el movimiento perpetuo perpetuamos la especie –sin alusión sexual, en serio- en movimiento perpetuo la vida se encuentra y se recrea a si misma, es menester moverse con ella para no convertirse en plasta, en mueble, en pila de libros estancados. Despidámonos pues, literal y figuradamente, ya llegará el tiempo de nuevos encuentros. Por ahora brindo por la buena costumbre de decir basta, de cerrar la puerta o guardar todos esos papelitos donde no se hace si no hablar del otro. Basta punto y aparte Termino aludiendo términos que no me alcanzan, quizá necesite inventar un nuevo idioma para poder escribir fehacientemente: entiendo. Pero, vaya idea tan complicada, apenas inventarlo tendría que enseñártelo y eso tomará mucho tiempo, y se acaba, se acaba, mierda. Término conveniente y de buena manera, termino esta líneas, Paulina, deseándote lo mejor a esa entrañable desconocida, a usted también lector que se a topado con estas líneas, que tenga éxito, no se preocupe por mañana, que ya mucho tenemos que hacer con el día de hoy…
Yo no podría. Espero que esta afirmación este basada en la elección conciente del camino que tomarán mis días futuros y no en la pretensión o el ego finañero. Por si acaso, voy a dejar espacio para la duda, ya veremos que sucede, además de que eso es tema aparte. Antes de perder el estribo o la cuenta, debo mencionar que las líneas que describen el soundtrack de tu vida fue motivo para quedarse, para decidir regresar aún antes de marcharse. Y si bien es cierto que no escucho las notas que salen de tu viola, a lo lejos espero el día que tocando te sientas satisfecha, aunque desde ya presiento que eres de aquellos que no pueden sentirse satisfechos, sin hacer mención de la canción. Cierto, es difícil hacer punto final y marcharse, así que voy poniéndole punto final a esto pues de repente me llegan ganas de escribir acerca de quedarse y eso es imposible, pues en el movimiento perpetuo perpetuamos la especie –sin alusión sexual, en serio- en movimiento perpetuo la vida se encuentra y se recrea a si misma, es menester moverse con ella para no convertirse en plasta, en mueble, en pila de libros estancados. Despidámonos pues, literal y figuradamente, ya llegará el tiempo de nuevos encuentros. Por ahora brindo por la buena costumbre de decir basta, de cerrar la puerta o guardar todos esos papelitos donde no se hace si no hablar del otro. Basta punto y aparte Termino aludiendo términos que no me alcanzan, quizá necesite inventar un nuevo idioma para poder escribir fehacientemente: entiendo. Pero, vaya idea tan complicada, apenas inventarlo tendría que enseñártelo y eso tomará mucho tiempo, y se acaba, se acaba, mierda. Término conveniente y de buena manera, termino esta líneas, Paulina, deseándote lo mejor a esa entrañable desconocida, a usted también lector que se a topado con estas líneas, que tenga éxito, no se preocupe por mañana, que ya mucho tenemos que hacer con el día de hoy…
lunes, noviembre 20, 2006
Silvana
Despierto.
Por alguna razón, parece que cada nueva nota, cada nueva apreciación, comienza con la primera visión del día. Despierto y recuerdo brevemente una película de Subiela mientras la pequeña comienza a dar signos de hambre, son las 5:20 a.m. es hora de desayunar para ella. Me levanto y camino hacia la cocina mientras las líneas de un poema cruzan mi cabeza y me alientan a componer en base a ellas. Desconozco el nombre del autor, sólo sé que lo escuche en una película, pero lo retomo y lo cambio un poco –muy poco- para poder expresar un poco aquello que siento esta mañana que despierto un poco enamorado….
Por alguna razón, parece que cada nueva nota, cada nueva apreciación, comienza con la primera visión del día. Despierto y recuerdo brevemente una película de Subiela mientras la pequeña comienza a dar signos de hambre, son las 5:20 a.m. es hora de desayunar para ella. Me levanto y camino hacia la cocina mientras las líneas de un poema cruzan mi cabeza y me alientan a componer en base a ellas. Desconozco el nombre del autor, sólo sé que lo escuche en una película, pero lo retomo y lo cambio un poco –muy poco- para poder expresar un poco aquello que siento esta mañana que despierto un poco enamorado….
viernes, noviembre 03, 2006
Tierra de venados -segun informes de la puerta del pueblo-
La mayoría de las calles de Matzaco siguen siendo de tierra a pesar de que, en algunos techos, sendas antenas parabólicas aún se sostienen negándose a dejar paso a los dispositivos nuevos, más pequeños, signos de la vanguardia cosmopolita. Estas estructuras, viejas y en franco desuso, nos hablan del carácter de este pueblo ubicado en Atzala, Puebla.
El calor, quizá, ha hecho harto cordial a mucha la gente que allá habita, pues nada más llegar te reciben con un plato de picaditas y una cerveza, o dos, pues la temperatura hace que el efecto del alcohol se retrase un poco. Después del almuerzo salir, ver el campo, caminar por la tierra y hablar un poco con los hombres que trabajan la tierra, conocer acerca de sus perdidas, la gente que les rodea, casi todos ellos hombres que han partido al norte en busca de una mejor oportunidad, otros para fugarse del estilo de vida que acá impera o simplemente irse, irse y hacer otra cosa, irse para volver, partir de nuevo. Así es Matzaco, pueblo de mujeres dejadas por sus maridos que andan allá en el norte con quien sabe quien.
Las puertas de casi todas las casas del pueblo, por estos días, se adornan de amarillo, y huelen a copal, a cera. Las mesas se adornan de papel picado y pan de muerto -…- chocolate, fruta, comidas del lugar como la barbacoa de chivo con tortillas hechas a mano, las ya nombradas picaditas y alcohol, aquello que el muerto degustaba cuando la vida fluía en sus entrañas. Es día uno de noviembre y las calles se llenan de flores, y los panteones, en el pequeño y amontonado cementerio de Matzaco se levantan puestos de garnachas, floristas y otros comerciantes que encuentran en estos días una oportunidad de oro que es el precio de las flores, y los cantos y los rezos. La tarde cae y el calor aumenta, la pequeña parece a gusto aquí, no como en la ciudad, donde a veces hace frío y otras no hay forma de saber. Tomo asiento en una silla a la sombra del patio y Silvana se duerme sobre mi estomago, por una hora tengo conmigo una sensación de embarazo que es lo más cercano a una embarazo de lo que podré estar jamás, y sonrío. Por la noche se sirve pipían con tamales de frijol, se sirve chocolate y/o cerveza y se preparan las flores para partir al cementerio a limpiar las tumbas mientras los niños cantan la calavera: “La calavera tiene hambre..:” empiezan y se siguen en estribillos compuestos por rimas donde aparecen personajes de Roberto Gómez Bolaños, para que, más tarde, el campanero recorra las calles mientras clama cera para las ánimas y pan para el campanero, y las horas parecen no terminarse nunca.
Al amanecer, la mesa espera con tortillas y cecina, y pipían del otro día y tamales, y aún hay cerveza y las campanas doblan por los muertos y anuncian la misa del día dos de noviembre, las calles están vacías, todos parecen estar en el cementerio, cuidándose de los malos aires, limpiando las tumbas para recordarse que siguen vivos y cual es su destino… el de todos nosotros. La tarde cae, las sombras crecen, es hora de partir, tomar el camino de vuelta a la ciudad, a sus noches, a sus calles céntricas llenas de putas, y locos, y perros habitando en la banqueta. Acá las puertas no tienen caminos de flores, ni las casas huelen a copal, acá el culto a los muertos es aprisa, corriendo, acá se respira una gran soledad. Arturo Meza suena en el radio, cosa extraña, y en su canto deja escapar un “¿a dónde iré sin ti…?” que me lleva de vuelta al pequeño Matzaco, con sus pequeñas calles y su pequeño cementerio todo apretado y lleno de flores y gente que se bebe la esperanza a la sombra mientras cuida de las matas de calabaza o frijol o maíz. Tomo una hogaza de pan de muerto -… pan de muerto, nótese lo que comer un pan de muerto implica- y preparo café, y me siento frente a la máquina y me dispongo a escribir, garabatear, dar rumbo a estas horas, a los próximos días. Preparo las páginas que den forma a las pretensiones cinematográficas –al fin- y doy un vistazo a los videos pasados, casi muertos, pretendo traerlos no para revivirlos, si no para no olvidarlos, para recordar aquello que me han enseñado de este lapso de tiempo –a veces muerto- y por un momento, un breve y luminoso momento, creo comprender, se rinde tributo a la muerte como una forma de rendir tributo a aquellos que alguna vez, nos hicieron felices…
El calor, quizá, ha hecho harto cordial a mucha la gente que allá habita, pues nada más llegar te reciben con un plato de picaditas y una cerveza, o dos, pues la temperatura hace que el efecto del alcohol se retrase un poco. Después del almuerzo salir, ver el campo, caminar por la tierra y hablar un poco con los hombres que trabajan la tierra, conocer acerca de sus perdidas, la gente que les rodea, casi todos ellos hombres que han partido al norte en busca de una mejor oportunidad, otros para fugarse del estilo de vida que acá impera o simplemente irse, irse y hacer otra cosa, irse para volver, partir de nuevo. Así es Matzaco, pueblo de mujeres dejadas por sus maridos que andan allá en el norte con quien sabe quien.
Las puertas de casi todas las casas del pueblo, por estos días, se adornan de amarillo, y huelen a copal, a cera. Las mesas se adornan de papel picado y pan de muerto -…- chocolate, fruta, comidas del lugar como la barbacoa de chivo con tortillas hechas a mano, las ya nombradas picaditas y alcohol, aquello que el muerto degustaba cuando la vida fluía en sus entrañas. Es día uno de noviembre y las calles se llenan de flores, y los panteones, en el pequeño y amontonado cementerio de Matzaco se levantan puestos de garnachas, floristas y otros comerciantes que encuentran en estos días una oportunidad de oro que es el precio de las flores, y los cantos y los rezos. La tarde cae y el calor aumenta, la pequeña parece a gusto aquí, no como en la ciudad, donde a veces hace frío y otras no hay forma de saber. Tomo asiento en una silla a la sombra del patio y Silvana se duerme sobre mi estomago, por una hora tengo conmigo una sensación de embarazo que es lo más cercano a una embarazo de lo que podré estar jamás, y sonrío. Por la noche se sirve pipían con tamales de frijol, se sirve chocolate y/o cerveza y se preparan las flores para partir al cementerio a limpiar las tumbas mientras los niños cantan la calavera: “La calavera tiene hambre..:” empiezan y se siguen en estribillos compuestos por rimas donde aparecen personajes de Roberto Gómez Bolaños, para que, más tarde, el campanero recorra las calles mientras clama cera para las ánimas y pan para el campanero, y las horas parecen no terminarse nunca.
Al amanecer, la mesa espera con tortillas y cecina, y pipían del otro día y tamales, y aún hay cerveza y las campanas doblan por los muertos y anuncian la misa del día dos de noviembre, las calles están vacías, todos parecen estar en el cementerio, cuidándose de los malos aires, limpiando las tumbas para recordarse que siguen vivos y cual es su destino… el de todos nosotros. La tarde cae, las sombras crecen, es hora de partir, tomar el camino de vuelta a la ciudad, a sus noches, a sus calles céntricas llenas de putas, y locos, y perros habitando en la banqueta. Acá las puertas no tienen caminos de flores, ni las casas huelen a copal, acá el culto a los muertos es aprisa, corriendo, acá se respira una gran soledad. Arturo Meza suena en el radio, cosa extraña, y en su canto deja escapar un “¿a dónde iré sin ti…?” que me lleva de vuelta al pequeño Matzaco, con sus pequeñas calles y su pequeño cementerio todo apretado y lleno de flores y gente que se bebe la esperanza a la sombra mientras cuida de las matas de calabaza o frijol o maíz. Tomo una hogaza de pan de muerto -… pan de muerto, nótese lo que comer un pan de muerto implica- y preparo café, y me siento frente a la máquina y me dispongo a escribir, garabatear, dar rumbo a estas horas, a los próximos días. Preparo las páginas que den forma a las pretensiones cinematográficas –al fin- y doy un vistazo a los videos pasados, casi muertos, pretendo traerlos no para revivirlos, si no para no olvidarlos, para recordar aquello que me han enseñado de este lapso de tiempo –a veces muerto- y por un momento, un breve y luminoso momento, creo comprender, se rinde tributo a la muerte como una forma de rendir tributo a aquellos que alguna vez, nos hicieron felices…
viernes, octubre 27, 2006
Ahínco
El ansia, el deseo, la espera, la agonía, el hambre, la sed, la voz del agua, la sensación de no poder más y la completa imposibilidad de detenerse, la salida, el sentido de la puerta, la percepción puntualizada, la potencia en vilo, el umbral, la luz, claridad que muestra el rumbo, el horizonte, y la nueva vía, más seria, menos rebuscada quizá, pero también mía, aquí, y en virtual espera a despertar o avivar el ansia, el deseo, la espera, la agonía, el hambre, la sed, la voz del agua, la sensación de no poder más y la completa imposibilidad de detenerse…
viernes, octubre 13, 2006
Desempolvarse o convertirse en mueble
O lo que es lo mismo, salir de una vez por todas o quedarse a morir de la aburrición…
Y ya tomada la decisión
seguirle con el paso o por lo menos seguir el paso
de todos esos
conceptos
y nuevas ideas que en el taller circulan.
Pues sucede que, enrolado en un taller de streaming media, comienzan las practicas con sus respectivas transmiciones en tiempo real y ambigüo y a veces autoreflexivo, otras no tanto, pero a sido bien interesante estar acá, teorizando acerca de los social network sites y todas esas cosas. Ahora la invitación, para quienes tengan algo de tiempo, visiten el sitio www.teatrevirtual.net, en donde encontraran el link para ver, en tiempo real, las transmiciones a manera de práctica y las subsecuentes producciones un poco más en serio que de este taller surjan. Las transmiciones serán los días viernes 13 –órale, cuanta superstición y fetiche- alrededosr de las cinco p.m. y los próximos miercoles 18 y jueves 19 de el mes en curso, más o menos a la misma hora…
Por otro lado, a manera de practica, se esta generando un blog con motivo de las pretenciones cinematográficas de un par de mequetrefes, desarrollado –a veces- a manera de revista amateur, el contenido de tal blog es completamente inestable, pero esperamos aguantar el paso a este proyecto…
Y al que sigue…
Y al que sigue…
…
Y ya tomada la decisión
seguirle con el paso o por lo menos seguir el paso
de todos esos
conceptos
y nuevas ideas que en el taller circulan.
Pues sucede que, enrolado en un taller de streaming media, comienzan las practicas con sus respectivas transmiciones en tiempo real y ambigüo y a veces autoreflexivo, otras no tanto, pero a sido bien interesante estar acá, teorizando acerca de los social network sites y todas esas cosas. Ahora la invitación, para quienes tengan algo de tiempo, visiten el sitio www.teatrevirtual.net, en donde encontraran el link para ver, en tiempo real, las transmiciones a manera de práctica y las subsecuentes producciones un poco más en serio que de este taller surjan. Las transmiciones serán los días viernes 13 –órale, cuanta superstición y fetiche- alrededosr de las cinco p.m. y los próximos miercoles 18 y jueves 19 de el mes en curso, más o menos a la misma hora…
Por otro lado, a manera de practica, se esta generando un blog con motivo de las pretenciones cinematográficas de un par de mequetrefes, desarrollado –a veces- a manera de revista amateur, el contenido de tal blog es completamente inestable, pero esperamos aguantar el paso a este proyecto…
Y al que sigue…
Y al que sigue…
…
jueves, octubre 05, 2006
Mañanas de leche deshidratada.
El presente me oprime la tripa
tengo sueño
el oficio me recrimina el descuido
mientras un necio
intenta venderme una hamaca
no la necesito
así como no necesito
mis pantalones de vestir
ni el mal prestigio
así como no necesito
un trabajo de oficina
ni los valores de televisión abierta
ni los insecticidas
necesito salir
mover las piernas
respirar
ahondar en el abandono
palpar la incertidumbre
mirarme en espejos rotos
y descubrirme multiplicado a la caótica potencia
necesito salir
beber
toparme con la noche
y la armoniosa soberanía
del amanecer industrializado
necesito salir
volver con algo para comer
y comer contigo
comer junto a ti
y más tarde alimentar a la pequeña
y deshacerme de sus pañales sucios
y dormir junto a ella
y que algo de su calma infante
me contagie.
Para que despertar
sea un poco menos atropellado
y la búsqueda
menos difícil
a tientas hallar el camino
y la concentración
voces
sensación de movimiento
esta calma adulta es encharcamiento
deseo ahogado
aplazamiento
ritmo lento
como entrar en trance
cuando apenas sales del sopor
del sueño.
Despierto y me encuentro
desnudo y un poco más viejo
sucio
los pantalones rotos
bebiendo leche deshidratada
urdiendo formulas para el ánima
mientras la forma y contraforma de todas las cosas
se me mete entre las cejas
para hablarme un poco de ellas
mientras las palabras se esfuerzan por salir
de ese atolladero diluido en café
y agolpado en los parpados
que pesan
como maldito sentimiento de culpa.
Afuera se evaporan las ilusiones del fin de semana
mientras la máquina rechina
la inmovilidad del eje domingo,
es hora de partir
salir al desencuentro y de reversa
y en el camino encontrarse
con todas aquellas mujeres
que me hacen pensar en la clase de mujer que serás tu.
Pero bien pronto tengo que olvidarme de ello
pues un motor maniaco pasa
y nos gruñe el espacio
o un olor a pedo inunda el vagón en el que viajo
y no hay más que fumárselo.
Adiós ideas, ojala pueda volver a concentrarme pronto
para que nos se pierdan
en la bruma de los días pasados.
tengo sueño
el oficio me recrimina el descuido
mientras un necio
intenta venderme una hamaca
no la necesito
así como no necesito
mis pantalones de vestir
ni el mal prestigio
así como no necesito
un trabajo de oficina
ni los valores de televisión abierta
ni los insecticidas
necesito salir
mover las piernas
respirar
ahondar en el abandono
palpar la incertidumbre
mirarme en espejos rotos
y descubrirme multiplicado a la caótica potencia
necesito salir
beber
toparme con la noche
y la armoniosa soberanía
del amanecer industrializado
necesito salir
volver con algo para comer
y comer contigo
comer junto a ti
y más tarde alimentar a la pequeña
y deshacerme de sus pañales sucios
y dormir junto a ella
y que algo de su calma infante
me contagie.
Para que despertar
sea un poco menos atropellado
y la búsqueda
menos difícil
a tientas hallar el camino
y la concentración
voces
sensación de movimiento
esta calma adulta es encharcamiento
deseo ahogado
aplazamiento
ritmo lento
como entrar en trance
cuando apenas sales del sopor
del sueño.
Despierto y me encuentro
desnudo y un poco más viejo
sucio
los pantalones rotos
bebiendo leche deshidratada
urdiendo formulas para el ánima
mientras la forma y contraforma de todas las cosas
se me mete entre las cejas
para hablarme un poco de ellas
mientras las palabras se esfuerzan por salir
de ese atolladero diluido en café
y agolpado en los parpados
que pesan
como maldito sentimiento de culpa.
Afuera se evaporan las ilusiones del fin de semana
mientras la máquina rechina
la inmovilidad del eje domingo,
es hora de partir
salir al desencuentro y de reversa
y en el camino encontrarse
con todas aquellas mujeres
que me hacen pensar en la clase de mujer que serás tu.
Pero bien pronto tengo que olvidarme de ello
pues un motor maniaco pasa
y nos gruñe el espacio
o un olor a pedo inunda el vagón en el que viajo
y no hay más que fumárselo.
Adiós ideas, ojala pueda volver a concentrarme pronto
para que nos se pierdan
en la bruma de los días pasados.
viernes, septiembre 22, 2006
El inevitable dejo nostalgico/empático hacia algunas cosas

que nos dejaron algo de ellas para ser nosotros en estos tiempos, como las quemaduras infantiles o los recuerdos de la casa de los padres. Sucede que la nostalgia se presenta como el último paso antes de cerrar la puerta por última vez, y cuando te alejas y aceptas que no quieres irte ya es tarde, ya pasaron esos tiempos y es hora de abrirse a lo nuevo, a lo que esta por venir, lo sé, más me detengo un poco y traigo de vuelta el primer día que puse pie en el departamento de Arturo Valmont, una tarde ociosa y sin más por hacer que entregarse a las eternas discusiones postadolescentes entre compañeros de clase y cerveza. Tarde que fuimos a parar en aquel edificio de aquella unidad cómodamente a una calle de la escuela. El lugar estaba sucio, como suele ser en departamento de solteros y estudiantes para redondear la situación. Pero nos daba cierta sensación de seguridad, aquel segundo piso donde fraguábamos planes, planteábamos ideas y gastábamos algunas tardes libres en ocasiones con sus noches, todos hechos bola dormidos sobre cartones y cubriéndonos con los pocos y polvorientos cobertores que había en el lugar, y Valmont como el anfitrión, aquel que siempre salía a abrir la puerta y ofrecerte su espacio sin esperar nada, de verdad nada, a cambio. Tiempo después y por cuestiones curriculares académicos, empezamos a trabajar en la producción de audiovisuales, lo que nos llevo al esperado taller de televisión cuyo trabajo final era la producción de un spot comercial, un video clip, o un corto en video, opciones de las cuales escogimos la última debido a nuestros particulares intereses que nos hicieron voltear nuestras miradas a una historieta de Ricardo Peláez, llamada “Amapola lindísima Amapola”, que narra una posibilidad del mito urbano que cuenta como una mujer mata a su esposo y lo hace tamales… una delicia, pues. El trabajo de adaptación fue relativamente sencillo, encontrar a quien llevara los roles fue un poco más complicado, pero aún quedaban cosas por resolver referentes al tiempo de realización, y al espacio de producción. Quedaban dos semanas para desarrollar aquel proyecto y el horario del estudio de televisión de la escuela estaba lleno por la cantidad de trabajos a presentar en ambos turnos, así que decidimos salir a locación, necesitábamos un lugar que nos diera la ambientación adecuada y que nos permitiera, por sobre todas las cosas, que pudiéramos manipular el espacio sin incomodar a nadie y que pudiéramos quedarnos el tiempo que necesitáramos, y allá vamos, a hablar con el Valmont, y que dice que si, y pues a limpiar el desmadre que era su departamento, y a trabajar en los detalles que necesitábamos. El corto fue un éxito mediano, nos gano la confianza de Federico Chao –profesor de televisión- y nos encaminó a aquello que haríamos después, lo que no sabíamos era que tomaríamos como base y/o refugio aquel lugar para futuras producciones o resguardo.
Y hubo sexo, drogas, y rock.
Y hubo sexo, mentiras y video.
Y hubo video, mucho video.

Pero sobre todas esas cosas, fue nuestro hogar.
Ahora, que da a poco vamos sacando nuestras cosas, cantidad de memorias me vuelven a la cabeza y quisiera ponerlas todas acá, pero el tiempo no me alcanzaría, por lo solo voy a escribir acerca del ineludible dejo de nostalgia que aquel departamento, Valmont´s factory, cuartel imperdonable, provoca en mi y en aquellos que ahí compartimos nuestro tiempo. Hasta siempre, hogar, fue realmente maravilloso…

miércoles, septiembre 20, 2006
Horas de insomnio hambriento
La noche termina, dejos de luz signa un nuevo día que en cualquier momento terminará. Nunca antes me había parecido que las horas transcurrieran tan de prisa, como si de repente el tiempo cobrara conciencia de si y se lanzara al alcance de todo aquello que en su antigua marcha a perdido de vista.
Y corre como para alcanzarlo.
Y que carrera tan inútil.
En este esfuerzo por poner de manifiesto este sentir en las palabras, me descubro descalzo en mitad de la madrugada, con un ojo en el teclado y otro en el sueño de Silvana, luchando por espacio en la virtual hoja de papel en donde circunscribo este ahínco, este malestar, este insomnio hambriento. Hecho a andar la cafetera en busca de calor, con ella, la ciudad hecha a andar su propia maquinaria preparándose para despachar las horas por venir, productividad en ignición, alma en cuesta, charco de materia de sueño donde se reflejan mil personas y detrás de ellos cientos más en boga y marcha a corazón partido y manos callosas. Contexto sin halagos, promesa de dificultades que circula a manera de noticia y clima político calmando sus aires, ventilando la idiosincrasia, la educación; la materia de sueños en la que miles han sido criados, esos deseos de un poco más en el que este país se sume, se place entre sus olas. Ahí estoy, náufrago de sustento, sobreviviendo la patria y el relámpago, aferrado a un tronco/anhelo que me mantiene a flote a duras penas, aceptando que, quizá, ya no es hora de fraguar sueños si no de trabajar las realidades.
Y la realidad, ¿cómo se presenta? Como un enorme abanico, como una gama de colores cuyo valor tonal es música tremenda y la búsqueda del interprete, como una felación callejera, el abrazo nocturno, la palabra al fin afuera y es un grito, la presencia de vida como sed apagada, satisfecha y gestándose de nuevo a si misma, como la flor, la espina desértica que guarda dentro de si la promesa de la continuidad. Todo eso esta aquí mismo, en la historia que guarda cada objeto, cada persona. Todo eso me alienta y no, me llama y no; me lanza a una nueva búsqueda, a un nuevo proyecto, un encuadre distinto alimento de estas pretensiones cinematográficas; o me aparta, me deja fuera de posibilidades reales de realización, y en mi lugar, con mi reciente familia, sin empleo, con cámara en mano y de nuevo ante el amanecer.
Amanece, Silvana desierta, mi tripa también, voy por un café y un biberón. Bebo a sorbos mientras la pequeña desayuna mirando fascinada los efectos visuales que el reproductor de música de la computadora despliega al compás de la melodía en turno. La primera hora de la mañana pesa en los parpados que se debaten entre la retirada o la resistencia, entre el concurso de animación o el aviso oportuno, entre aguantar o retirarse un poco, salirse un poco de esta vida tan incierta y tener dinero para pagar a tiempo la renta, o continuar, hacer de tripas corazón y oídos sordos a este canto de sirenas, y seguir, poner imágenes en secuencia, sonidos a los colores y vida a lo en pantalla acontece, estoy decidiendo.
Decido mientras me veo a mi mismo, Interior/ día/ departamento temporal. Zoom out de plano medio del protagonista quien se encuentra sentado frente a un escritorio, escribe en el computador mientras la mañana avanza a tientas. Voz en off: “Quiero decir que estoy considerando un breve retiro, una ausencia, un fármaco que apague momentáneamente este anhelo, esta voz que pide más y de nuevo. Quiero decir que hoy dejo un poco de mi en esta pausa deseando no perderme en el camino, en el paréntesis. Anuncio la publicación de las pretensiones cinematográficas para dejar signos reconocibles a mi regreso, y un reflejo, una voz que hable por nosotros y estos días como memoria/materia de futuras ocasiones…”
Cuando termina de escribir, el protagonista selecciona todo lo escrito, y lo borra, y se arrepiente y lo trae de vuelta, y lo vuelve a borrar. Mientras él decide que hacer con estas palabras, la pantalla se oscurece, el panorama se oscurece, y un ligero olor a leche cortada circula en el cuarto. Silvana exige un cambio de pañal, allá voy, aún decidiendo, pero sintiéndome bien a pesar del cansancio y el desvelo. A sido grato escribir sobre esto.
No sé –aún- que hacer, pero eso no me preocupa.
Creo que de la decisión saldrá el tema del próximo video…
Y corre como para alcanzarlo.
Y que carrera tan inútil.
En este esfuerzo por poner de manifiesto este sentir en las palabras, me descubro descalzo en mitad de la madrugada, con un ojo en el teclado y otro en el sueño de Silvana, luchando por espacio en la virtual hoja de papel en donde circunscribo este ahínco, este malestar, este insomnio hambriento. Hecho a andar la cafetera en busca de calor, con ella, la ciudad hecha a andar su propia maquinaria preparándose para despachar las horas por venir, productividad en ignición, alma en cuesta, charco de materia de sueño donde se reflejan mil personas y detrás de ellos cientos más en boga y marcha a corazón partido y manos callosas. Contexto sin halagos, promesa de dificultades que circula a manera de noticia y clima político calmando sus aires, ventilando la idiosincrasia, la educación; la materia de sueños en la que miles han sido criados, esos deseos de un poco más en el que este país se sume, se place entre sus olas. Ahí estoy, náufrago de sustento, sobreviviendo la patria y el relámpago, aferrado a un tronco/anhelo que me mantiene a flote a duras penas, aceptando que, quizá, ya no es hora de fraguar sueños si no de trabajar las realidades.
Y la realidad, ¿cómo se presenta? Como un enorme abanico, como una gama de colores cuyo valor tonal es música tremenda y la búsqueda del interprete, como una felación callejera, el abrazo nocturno, la palabra al fin afuera y es un grito, la presencia de vida como sed apagada, satisfecha y gestándose de nuevo a si misma, como la flor, la espina desértica que guarda dentro de si la promesa de la continuidad. Todo eso esta aquí mismo, en la historia que guarda cada objeto, cada persona. Todo eso me alienta y no, me llama y no; me lanza a una nueva búsqueda, a un nuevo proyecto, un encuadre distinto alimento de estas pretensiones cinematográficas; o me aparta, me deja fuera de posibilidades reales de realización, y en mi lugar, con mi reciente familia, sin empleo, con cámara en mano y de nuevo ante el amanecer.
Amanece, Silvana desierta, mi tripa también, voy por un café y un biberón. Bebo a sorbos mientras la pequeña desayuna mirando fascinada los efectos visuales que el reproductor de música de la computadora despliega al compás de la melodía en turno. La primera hora de la mañana pesa en los parpados que se debaten entre la retirada o la resistencia, entre el concurso de animación o el aviso oportuno, entre aguantar o retirarse un poco, salirse un poco de esta vida tan incierta y tener dinero para pagar a tiempo la renta, o continuar, hacer de tripas corazón y oídos sordos a este canto de sirenas, y seguir, poner imágenes en secuencia, sonidos a los colores y vida a lo en pantalla acontece, estoy decidiendo.
Decido mientras me veo a mi mismo, Interior/ día/ departamento temporal. Zoom out de plano medio del protagonista quien se encuentra sentado frente a un escritorio, escribe en el computador mientras la mañana avanza a tientas. Voz en off: “Quiero decir que estoy considerando un breve retiro, una ausencia, un fármaco que apague momentáneamente este anhelo, esta voz que pide más y de nuevo. Quiero decir que hoy dejo un poco de mi en esta pausa deseando no perderme en el camino, en el paréntesis. Anuncio la publicación de las pretensiones cinematográficas para dejar signos reconocibles a mi regreso, y un reflejo, una voz que hable por nosotros y estos días como memoria/materia de futuras ocasiones…”
Cuando termina de escribir, el protagonista selecciona todo lo escrito, y lo borra, y se arrepiente y lo trae de vuelta, y lo vuelve a borrar. Mientras él decide que hacer con estas palabras, la pantalla se oscurece, el panorama se oscurece, y un ligero olor a leche cortada circula en el cuarto. Silvana exige un cambio de pañal, allá voy, aún decidiendo, pero sintiéndome bien a pesar del cansancio y el desvelo. A sido grato escribir sobre esto.
No sé –aún- que hacer, pero eso no me preocupa.
Creo que de la decisión saldrá el tema del próximo video…
martes, septiembre 19, 2006
horas de desempleo
Tenia mil cosas dando vueltas en la cabeza mientras sumaba los minutos que la pequeña lloraba hasta que llego un momento en que yo mismo sentí deseos de llorar. En el techo se escuchan pisadas de la vecina que pasea su neurosis por todo su departamento mientras la ventana traduce el barullo que arman algunos infantes que gastan los primeros minutos de esta oscuridad en quemar cohetes sin afán chovinista y gastar las burlas a sus compañeros de juego mientras las palabras se ahogan en recuerdos aferrados a días pasados e instantes menores en donde la percepción de la vida estaba enfocada en el sabor del lúpulo y las calles vacías y los entonces horribles asientos de la biblioteca de la universidad autónoma metropolitana. La niña sigue llorando, me recuesto junto a ella mientras los menesteres revolotean en la cabecera y se vuelven puntos de más en el manchado techo de esta habitación perteneciente a otro conjunto de edificios que, aunque cercano a aquel sitio que nos trajera mejores y despreocupados días, es completamente distinto comenzando por el aire que acá circula pesado, y apenas entra por los pulmones. Boqueo, el calentador ruge llamas para poner a hervir agua para un largo baño mientras una especie de aritmética pone en la mesa datos, pensamientos, preocupaciones, cosa por decir y hacer y que todas juntas son catástrofe de minutos siguientes pues llego a un lugar en el que pienso: si tomáramos en consideración todas aquellas veces que hemos querido dejarlo todo para retirarnos, para rendirnos, entonces podríamos enumerarlas y al escribirlas llenaríamos libretas con la palabra lo mismo, compondríamos un oleaje monótono que irriga una playa abúlica; resultado de tener podridos los oídos de tanto escuchar opiniones asquerosas, o anticuadas, o vacías. El humor se diluye en las venas de esta ciudad cancerosa y neurótica, la medida de todos los días esta perdida entre millones de datos casi inútiles, buenas maneras y malas costumbres.
Estas y otras cosas son el impulso que me ayuda a dejar la cama todos los días, pero últimamente me cuesta más trabajo…
Estas y otras cosas son el impulso que me ayuda a dejar la cama todos los días, pero últimamente me cuesta más trabajo…
viernes, septiembre 08, 2006
Análogo…
Como Nanni Moretti, así sucedió…
Hace ya algunos años, el actor, director, productor y guionista italiano Nanni Moretti, protagoniza “Abril” película en la que se interpreta a si mismo en los días del nacimiento de su hijo, coincidentemente, por ese entonces también sucede la victoria electoral del magnate de la televisión italiana, Romano Prodi…
en estos días, en estos lares nace Silvana y coincidentemente, la ultraderecha toma posesión del poder en México –imposición o no, es tema de otro posible post- lo cuál trae consigo un movimiento de resistencia civil liderado por Andrés Manuel López Obrador.
A donde voy con esto: Durante las noches de guardia en el hospital, tuve suficiente tiempo para pensar en el panorama político del país, y que ganas de tomar la cámara y lanzarse al apestoso zócalo de la ciudad para tomar imágenes de los hechos, documentar el transcurso de esos días, realizar un documental en donde acercar el pequeño universo de la cotidianidad de quien esto escribe con el mega desmadre que todos aquellos han armado, ir de un breve particular a un momento idiosincrásico y típico de lo que históricamente se ha llamado “política mexicana”. Y recrear el viaje en la ambulancia mientras tratábamos de salir del atolladero que era la insurgentes aquella mañana del 31 de junio de 2006; y regresar a reforma a los campamentos del Peje, y regresar a las noches de guardia en el hospital mientras los magistrados deciden acerca de las impugnaciones de la pasada jornada electoral; y quiero hacer un documental de todo esto cuando me encuentro con esta película, Abril, de Nanni Moretti, y me pienso las cosas dos veces, y una vez más antes de seguir con este proyecto.
Mientras tanto, mientras este documental termina de cuajar o no, estoy al pendiente de las noticias que muestran un casi obvio curso de las cosas, donde fecal queda como presidente y al tal peje no le queda más que recurrir a la gastada estrategia de presión que son las marchas y los bloqueos, y nomás desune al de por si desunido mexicano y sume a unas fracciones de la ciudad en cantidad de dudas, dimes y diretes que en el peor –peor por no escribir obvio- de los casos terminará como una anécdota, como una rabieta, con un “ya se sabe desde hace un chorro que esto pasaría así…”
y las consecuencias que tornan este post como pretensiosamente político, cuando solo quería recomendar Abril, de Nanni Moretti.

Es que me paso igual…
Hace ya algunos años, el actor, director, productor y guionista italiano Nanni Moretti, protagoniza “Abril” película en la que se interpreta a si mismo en los días del nacimiento de su hijo, coincidentemente, por ese entonces también sucede la victoria electoral del magnate de la televisión italiana, Romano Prodi…
en estos días, en estos lares nace Silvana y coincidentemente, la ultraderecha toma posesión del poder en México –imposición o no, es tema de otro posible post- lo cuál trae consigo un movimiento de resistencia civil liderado por Andrés Manuel López Obrador.
A donde voy con esto: Durante las noches de guardia en el hospital, tuve suficiente tiempo para pensar en el panorama político del país, y que ganas de tomar la cámara y lanzarse al apestoso zócalo de la ciudad para tomar imágenes de los hechos, documentar el transcurso de esos días, realizar un documental en donde acercar el pequeño universo de la cotidianidad de quien esto escribe con el mega desmadre que todos aquellos han armado, ir de un breve particular a un momento idiosincrásico y típico de lo que históricamente se ha llamado “política mexicana”. Y recrear el viaje en la ambulancia mientras tratábamos de salir del atolladero que era la insurgentes aquella mañana del 31 de junio de 2006; y regresar a reforma a los campamentos del Peje, y regresar a las noches de guardia en el hospital mientras los magistrados deciden acerca de las impugnaciones de la pasada jornada electoral; y quiero hacer un documental de todo esto cuando me encuentro con esta película, Abril, de Nanni Moretti, y me pienso las cosas dos veces, y una vez más antes de seguir con este proyecto.
Mientras tanto, mientras este documental termina de cuajar o no, estoy al pendiente de las noticias que muestran un casi obvio curso de las cosas, donde fecal queda como presidente y al tal peje no le queda más que recurrir a la gastada estrategia de presión que son las marchas y los bloqueos, y nomás desune al de por si desunido mexicano y sume a unas fracciones de la ciudad en cantidad de dudas, dimes y diretes que en el peor –peor por no escribir obvio- de los casos terminará como una anécdota, como una rabieta, con un “ya se sabe desde hace un chorro que esto pasaría así…”
y las consecuencias que tornan este post como pretensiosamente político, cuando solo quería recomendar Abril, de Nanni Moretti.

Es que me paso igual…
miércoles, agosto 30, 2006
Letras de bienvenida

Estuvimos 16 días en el Hospital Pediátrico de la Villa. De aquellos días me llevo imágenes de los peregrinos que viajan cientos de kilómetros para rendir tributo a su fe en el templo que enorme se erige a espaldas de este cerro del Tepeyac. Me llevo noches de frío envueltas en llantos infantiles, calles negras, peligrosas y llenas de suciedad mercantil y olor a orines de ebrio paseando la mona. Me llevo la camaradería de aquellos guardias que velaron circunstancialmente conmigo y los otros padres que esperábamos por el bien de nuestros hijos, me llevo todo eso, junto con los largos minutos que sucedieron a la salida de la pequeña, y allá viene ya, envuelta en un cobertor amarillo y el esplendor de la alegría de su madre.
Me llevo a mi hija, aún hay que guardar reposo, pero ahora ya estamos juntos de nuevo, sin casa, pues la casera del departamento donde habíamos vivido los últimos ocho meses no nos permitió quedarnos como familia, pero ese es el menor de nuestros problemas. Confío en que un nuevo código postal nos alberge el tiempo suficiente para conocernos.
Silvana.
Naciste un 30 de julio, en domingo, muy temprano. Mi alma pendió de un hilo durante varios días, pero ahora que estas con nosotros puedo verte largo tiempo y decir: “La vida se hizo presente, y tiene mis ojos…” Y mi tiempo, pequeña, es tuyo, este nuevo miedo es empuje y nuevos motivos para continuar, de verdad continuar, y detenerse siempre que sea necesario, como aquellos días de agosto, en que fue necesario esperarte un poco más para poder hablarte sin intermedio de un cubre bocas y ambiente aséptico. Esperarte Silvana, por días, semanas, años, con todas sus noches.
martes, agosto 29, 2006
Letras de nuevo comienzo
La tarde que Cyn salió del hospital no pudo ver a Silvana por que los doctores no son nada flexibles en los horarios de visita, solo me han llamado a mi para sostener a la pequeña en la sala de rayos X, pues necesitan placas para observar su evolución, La pequeña a perdido peso, se le nota delgada, no llora cuando la sostengo de la forma que el médico necesita –levantándola por las axilas, sosteniéndole la cabeza con los dedos y la placa con los antebrazos- para hacer el estudio, me preocupo, sin embargo, los doctores se muestran muy optimistas con el estado de la bebe. La mantienen en observación, bajo tratamiento, en ayuno y alimentada vía intravenosa en la cama 40.
La tarde que Cyn por fin pudo entrar a ver a Silvana, lo hizo guiada por otra madre recién dada de alta que también estaba ahí para ver a su hijo, pequeño de siete meses y en incubadora. Ahí, en la sala de espera, veo a mi esposa alejándose acompañada por aquella otra mujer, muy jóvenes ambas, caminando lento debido a la operación demasiado reciente. Allá van ellas dos y mi corazón partiéndose por las noches de espera, pues la guardia en un hospital siempre es dura, más aún cuando se esta en un hospital infantil, vez mucho, niños con la mano o la pierna rota debido a sus travesuras o el descuido de los padres, niños enfermos de gravedad, otros casos que son solo sustos, algunas veces también se ven morir a los pequeños. No quieres enterarte de esto, pero no puedes irte, no sabes en que momento te llamaran por motivos de tu hija, así que no te vas a pesar de ves entrar y salir a fragmentos de familias preocupados por la salud de sus niños, los miras desde el fondo de la sala de espera, donde hace menos frío, o eso piensas, y te quedas afuera, esperando sin esperar, y de repente la puerta del consultorio se abre, y es el rostro grave de la madre que se prepara para quedarse a velar a su hijo, y es el rostro grave del padre que sabe debe guardar calma, es el llanto de la madre, apenas de pie, sosteniéndose en el umbral y llorando lo inevitable mientras el padre no puede creer que aquello este pasando, que pasó. Por todos ellos, por mi esposa que da vuelta en la esquina y se pierde en la laberíntica estructura del hospital, por Silvana, por esta incertidumbre envuelta en horas sin reportes, espero. Regreso al asiento –siempre te piden que tomes asiento- y guardo silencio mientras me pongo a vigilar el reloj y su marcha.
Cuando Cyn regreso, ya se había decidido Silvana entraría al quirófano al día siguiente, aún no sabían a que hora, pero ya era un hecho. Intervendrán a la pequeña por que no hay otra forma de ayudarle que la corrección por cirugía. A la mañana siguiente ni siquiera me dejan llegar a la sala de neonatos, pues la bebe esta en quirófano, solo entrego los pañales de aquel día y regreso a la sala de espera, pero me detengo, pienso en las promesas de los abuelos, pienso en mi particular falta de fe, y me siento imposibilitado para pedir. Los ojos se me nublan, aspiro un poco de aire, me siento en la silla mas cercana, y la entrego, entrego a mi hija a aquello que llaman destino, dios, padre, hermano, alma encallada, aciaga espera; que suceda entonces, confió en la fuerza de aquella que como mujer es más fuerte que yo, hombre, apenas hombre y muy cansado… ahora debo irme, regreso a la sala de espera a acompañar a mi mujer, a aquellos que nos acompañan hoy, a gastar estas horas en espera del cirujano y sus noticias.
Tras horas después nos mandan llamar, los médicos se ven tranquilos, eso me tranquiliza, nos dan algunos detalles de la cirugía y en resumen la nena esta bien, esta muy bien, recuperándose, pasarán varios días más antes de que pueda comer por si misma, pero ya solo falta eso, ya solo falta esa espera. No nos dejan ver a la pequeña, pues la hora de visitas terminó hace mucho, será mañana, mañana, mañana.
Mañana comienzarán los últimos días de esta larga espera…
La tarde que Cyn por fin pudo entrar a ver a Silvana, lo hizo guiada por otra madre recién dada de alta que también estaba ahí para ver a su hijo, pequeño de siete meses y en incubadora. Ahí, en la sala de espera, veo a mi esposa alejándose acompañada por aquella otra mujer, muy jóvenes ambas, caminando lento debido a la operación demasiado reciente. Allá van ellas dos y mi corazón partiéndose por las noches de espera, pues la guardia en un hospital siempre es dura, más aún cuando se esta en un hospital infantil, vez mucho, niños con la mano o la pierna rota debido a sus travesuras o el descuido de los padres, niños enfermos de gravedad, otros casos que son solo sustos, algunas veces también se ven morir a los pequeños. No quieres enterarte de esto, pero no puedes irte, no sabes en que momento te llamaran por motivos de tu hija, así que no te vas a pesar de ves entrar y salir a fragmentos de familias preocupados por la salud de sus niños, los miras desde el fondo de la sala de espera, donde hace menos frío, o eso piensas, y te quedas afuera, esperando sin esperar, y de repente la puerta del consultorio se abre, y es el rostro grave de la madre que se prepara para quedarse a velar a su hijo, y es el rostro grave del padre que sabe debe guardar calma, es el llanto de la madre, apenas de pie, sosteniéndose en el umbral y llorando lo inevitable mientras el padre no puede creer que aquello este pasando, que pasó. Por todos ellos, por mi esposa que da vuelta en la esquina y se pierde en la laberíntica estructura del hospital, por Silvana, por esta incertidumbre envuelta en horas sin reportes, espero. Regreso al asiento –siempre te piden que tomes asiento- y guardo silencio mientras me pongo a vigilar el reloj y su marcha.
Cuando Cyn regreso, ya se había decidido Silvana entraría al quirófano al día siguiente, aún no sabían a que hora, pero ya era un hecho. Intervendrán a la pequeña por que no hay otra forma de ayudarle que la corrección por cirugía. A la mañana siguiente ni siquiera me dejan llegar a la sala de neonatos, pues la bebe esta en quirófano, solo entrego los pañales de aquel día y regreso a la sala de espera, pero me detengo, pienso en las promesas de los abuelos, pienso en mi particular falta de fe, y me siento imposibilitado para pedir. Los ojos se me nublan, aspiro un poco de aire, me siento en la silla mas cercana, y la entrego, entrego a mi hija a aquello que llaman destino, dios, padre, hermano, alma encallada, aciaga espera; que suceda entonces, confió en la fuerza de aquella que como mujer es más fuerte que yo, hombre, apenas hombre y muy cansado… ahora debo irme, regreso a la sala de espera a acompañar a mi mujer, a aquellos que nos acompañan hoy, a gastar estas horas en espera del cirujano y sus noticias.
Tras horas después nos mandan llamar, los médicos se ven tranquilos, eso me tranquiliza, nos dan algunos detalles de la cirugía y en resumen la nena esta bien, esta muy bien, recuperándose, pasarán varios días más antes de que pueda comer por si misma, pero ya solo falta eso, ya solo falta esa espera. No nos dejan ver a la pequeña, pues la hora de visitas terminó hace mucho, será mañana, mañana, mañana.
Mañana comienzarán los últimos días de esta larga espera…
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